
Hace 15,5 millones de años, justo donde ahora se encuentra el intercambiador de la estación madrileña de Príncipe Pío, vivía una especie de pequeño felino que la ciencia hasta ahora desconocía. Estamos en el Mioceno medio, con un clima bastante más cálido que el actual y un paisaje dominado por amplias praderas salpicadas de frondosos bosques, poblados por rinocerontes ( Hispanotherium matritense ), mastodontes, osos de tres metros de altura y superdepredadores como los anficiónidos, lobos gigantes que daban buena cuenta de los rumiantes, bóvidos, jabalíes y caballos de tres dedos que poblaban la región. Allí, sin embargo, también vivieron otras especies carnívoras, pequeños felinos muy raros de encontrar en el registro fósil y cuyos lazos de parentesco apenas se conocen. Hasta ahora, en efecto, apenas si se disponía de algunos dientes y fragmentos aislados de huesos de estos animales. Noticia Relacionada estandar Si La historia de 'Elma', la mamut que viajó 1.000 km y murió al encontrarse con los primeros pobladores de América Judith de Jorge Investigadores consiguen seguir el rastro de una hembra que vagaba por lo que hoy son Alaska y Canadá hace más de 14.000 años. Su viaje acabó con la llegada de los pioneros que cruzaron el puente de tierra de Bering Nuevo género, nueva especie Pero en el año 2007 la cosa cambió. Allí, y durante las obras de mejora del intercambiador madrileño, salieron a la luz varios fósiles, entre ellos la mandíbula perfectamente conservada de un pequeño felino del que no se tenía noticia, un 'gato' prehistórico que un equipo de investigadores del Museo de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), acaba de asignar no sólo a una nueva especie, sino a todo un género desconocido hasta el momento. El hallazgo se ha publicado en 'Journal of Vertebrate Paleontology'. «Recuperamos una mandíbula prácticamente completa -afirma Gema Siliceo, coautora del estudio-, que conservaba casi todos sus dientes en condiciones excepcionales. Lo más sorprendente es que tenía un diminuto segundo molar inferior (M2), un diente ausente en todos los félidos vivos y fósiles excepto en Proailurus , el primer félido conocido en el registro fósil, procedente de yacimientos de hace 25 millones de años, mucho más antiguos que el de Príncipe Pío«. Su nombre, Magerifelis peignei, se debe tanto a la ciudad de Madrid (fundada por los árabes como Myrit, Magerit traducido al castellano de la época) como al paleontólogo francés Stéphane Peigné, que colaboró durante años con el equipo hasta su fallecimiento en 2017. Recordemos, como curiosidad, que muchos (aunque no todos) los madrileños reciben el nombre de 'gatos' desde que en el año 1085, durante el asalto de Mayrit por parte de Alfonso VI, uno de los soldados consiguió trepar por la muralla y cambiar la bandera mora por la cristiana con la única ayuda de una daga. Por tal motivo, recibió el apodo de 'gato' que hoy ostentan todos los madrileños y madrileñas que sean por lo menos de tercera generación. Una mordida poderosa Con una masa corporal estimada en 7,61 kg, el nuevo felino era de tamaño parecido a los linces actuales aunque, según escriben los paleontólogos, con una mandíbula «más grande que la de Felis silvestris «, lo que le permitía generar una mordida fuerte con la que matar presas relativamente grandes, mayores de las que cazan hoy en día otros felinos de tamaño similar. En palabras de Manuel Salesa, primer firmante del artículo, «además de esta resistencia a la tensión los músculos responsables de la mordida poseen áreas de inserción muy desarrolladas, indicativo de masas musculares relativamente más grandes que las de otros felinos de talla similar». Jesús Gamarra, por su parte, que reconstruyó el aspecto de la especie, afirma que «no es frecuente tener una pieza tan completa sobre la que trabajar para reconstruir una especie fósil, así que ha sido una experiencia muy estimulante». Para el paleoartista Mauricio Antón, también miembro del equipo, «gracias al uso de CT Scan (tomografía computerizada), hemos podido estudiar la morfología interna de estos dientes y observar que el m2 (segundo molar inferior) poseía una raíz relativamente grande». MÁS INFORMACIÓN noticia No Japón se posa por primera vez en la Luna, pero la nave no puede generar energía noticia No Nuestra especie llegó a Asia miles de años antes de lo que se pensaba Por último, tal y como señala Jorge Morales, también coautor del estudio, «es de vital importancia preservar el impresionante patrimonio paleontológico que atesora Madrid, uno de los más importantes de España, y que proporciona datos imprescindibles para conocer la evolución de muchos grupos de mamíferos«.
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